ese al avance que se produjo en Cantabria a finales del Renacimiento, nuestra región
no dejó de tener un predominio campesino.
Durante el Barroco Cantabria vive un fuerte crecimiento demográfico que provocó una
densidad de población demasiado elevada para los recursos naturales de que se
disponían, lo que supuso que en pocos años aumentara la emigración como válvula de
escape a la miseria.
La economía y la vida en general de la región durante los siglos XVII y XVIII gira en
torno al problema de la subsistencia, difícilmente asegurable para una población
campesina. Esto hizo necesario la búsqueda de trabajos complementarios con los que
poder asegurar el vivir diario; los oficios artísticos empezaron a jugar un papel
fundamental.
La distribución geográfica de los centros artísticos no es homogénea, sino que coincide
con las zonas más pobladas. Las zonas costeras no se centran en esta actividad, son
zonas muy expuestas a las epidemias y donde su población podría conseguir ingresos de
otras formas; tampoco las zonas altas son focos artísticos. Los principales centros serán
los valles medios de la región, de donde procederán la mayor parte de los artistas.
La mayor parte de los talleres se asientan en la parte oriental de la región, para lo que
influyó de forma decisiva la existencia de vías de comunicación. Durante toda esta época,
el único acceso con Burgos, que era el centro económico y espiritual de Cantabria, fue a
través del "camino real" que iba por el puerto de Los Tornos, situando a las poblaciones
más orientales (Castro Urdiales y Laredo) en mejor posición que el resto. Esta situación
no varió hasta 1753, año en el que se concluye la vía que unía el puerto de Santander
con Reinosa y de allí con Castilla, y que marca el momento del verdadero despegue
económico de Cantabria. Esta obra fue fundamental para relanzar el comercio marítimo
de larga distancia, clave de la recuperación económica.
También a mediados de siglo se sientan las bases para la unificación territorial,
administrativa y religiosa de la región. En 1754 se crea la Diócesis de Santander y en
1778 se autoconstituyó en Puente San Miguel la llamada Provincia de Cantabria.
Pese a este desarrollo, la vida cotidiana y la cultura de la región se siguieron moviendo
en un nivel ínfimo pese al esfuerzo de las órdenes religiosas. La incultura y la superstición
no pudieron ser erradicadas.


BIBLIOGRAFÍA: (autores varios) " Guía del Arte en Cantabria ". Diputación Regional de Cantabria, 1988. Santander

GARCÍA GUINEA Miguel Angel "Cantabria Guía Artística". Ediciones Estudio, 1988. Santander