Johannes Ockeghem (1430-1495) no es un esclavo de la tradición; la observa y la posee, aún cuando quiere librarse de ella, se arriesga a hacerlo con decisión sobresaliente. Esto se advierte, sobre todo, en su manera de tratar el tenor y el motivo inicial. Mientras para los epígonos estos dos elementos son cosas de las que difícilmente se puede prescindir, para Ockeghem son simples elementos ocasionales que muy bien cabe tener en cuenta o no, según la inspiración del momento. Así en su producción se hallan misas con el tenor, misas en las cuales el tenor está tratado con relativa severidad, misas en las que el tenor aparece de un modo irreguIar y sólo fugazmente, misas en las cuales el motivo encabezador tiene una parte más o menos aparente y misas en las cuales eso no es más que una sombra.



Ockeghem ante el facistol. Miniatura de un manuscrito francés (siglos XV-XVI): París, Biblioteca Nacional.