En el siglo XVIII el barroco se encuentra ya en su fase tardía, que durará hasta mediados del siglo, 1740-1750. Si durante los primeros años del siglo XVII se había producido un cambio estilístico importante ya que conviven dos estilos, la polifonía antigua y la ópera, principal género barroco, hacia 1750 (año de la muerte de Bach) se empieza a tender hacia lo sencillo, sentimental y natural, que llevará al apogeo del clasicismo alrededor de 1780.

 

Alemania durante el siglo XVIII sigue siendo uno de los focos principales, en donde destacan J. S. Bach y Haendel.

 

Otro de los centros musicales principales durante el siglo XVIII fue Francia, en donde destacan los géneros de la Tragedia y la Comedia.

Jean Philippe Rameau (1683-1764) comenzó su labor teatral a los 50 años, la tragedia "Hippolyte et Aricie" levantó a los enemigos de el exceso de las dificultades en la elaboración, contra los ramistas, que defendían las composiciones sabias y refinadas. Esta producción no parece la obra de un principiante, pues aquí reina una maestría condensada con páginas felices y vigorosas, bellas escenas de carácter trágico y otras muestras de exquisito hedonismo. Comparada esta obra con las siguientes, refleja la escasa evolución de Rameau en la concepción y la práctica del teatro, así como su fidelidad al propio estilo. La tragedia "Castro y Pollux" fue estimada como la más homogénea de sus obras. Su prólogo sigue lo tradicional de la ópera del siglo XVIII, sin nada de común con la tragedia propiamente dicha.

Si fuera lícito adaptar a una ópera antigua una fórmula moderna, podríamos decir que la "Tragedia Iyrique" de Rameau fue el teatro musical durante unos doscientos años: espectáculo y tragedia, actualidad y abstracción, fantasía y realidad, donde cada uno de sus elementos procuraba atraer la imaginación y los sentidos de los espectadores.

En "Castor et Pollux" tenemos casi tres horas de música instrumental, coral y monódica, de variadísimas danzas y una representación de un hecho sumamente conocido: la recompensa de la fraternidad indisoluble. En realidad, el tema se puede mencionar en último lugar, porque sólo es un cañamazo. Tema absolutamente regular. No sólo está prescrita la tesis, sino que las palpitaciones de los generosos Cástor y Pollux, de las amantes Telaira y Febea, se hallan sujetas a una finalidad imprescindible. Aunque esos personajes digan y se propongan obrar de un determinado modo, se nota que falta la dinámica psicológica y que sus acciones son gestos más que actos. Hay que tener presente este punto capital para entender el espíritu de la ópera. La música responde por completo al espirtu de la época.

Aquí la danza, otro elemento del espectáculo, tiene gran importancia histórica y positiva. Aunque suprimidos en el melodrama italiano de aquella época los coros y danzas por razones estéticas y económicas, habían sobrevivido en el teatro francés y éstas se habían conservado por respeto a la tradición antigua de su espectacularidad, grata siempre. Ese recreo visual integra el asunto dramático. Más de una danza en el Cástor y Pollux es una digresión escénica coherente. En todo caso, quebranta aquella monótona alteración de recitados y arias que convertía la ópera italiana en concierto. En esta Tragedia y en todas las demás de Rameau, la interrupción de la continuidad escénica y musical está atenuada merced a las danzas y la música de éstas es con frecuencia sumamente ágil y viva, a la manera de aquel compositor. No se exagera al decir que el espectáculo constituye un elemento integrante de la tragedia lírica.

Entre las ópera-ballets sobresale "Las Indias galantes", cuyo libreto fue tildado de miserable. En el prólogo y en las cuatro entradas, la fecundísima Viena y la ciencia de Rameau prodigaron rasgos melódicos y piezas complejas manteniendo una unidad estilística y una vehemencia dramática inesperada.

Despedidos los cómicos italianos en 1697 su repertorio pasó a las compañías francesas.

La Comedie Française, celosa de los éxitos de aquellos espectáculos, logró que se limitaran en el diálogo y en la música. Aquellos teatros se defendieron con dos expedientes: la parte verbal, escrita en cartelones, fue expuesta al público; para la parte musical se escogían luego arias popularísimas, llamadas vaudevilles, que entonaba una orquesta y eran consideradas por los espectadores. Habiéndose permitido más tarde a los cómicos participar en el canto, hubo comedias en vaudevilles y el espectáculo se denominó ópera cómica.

De 1750 a 1752 aparecen dos tendencias más precisas: una alegre, más irónica que pasaría de Philidor a Grétry y Lecocq; la otra, afectuosa, que alcanzó firmeza con Duni, Minsigny, Dalayrac, Méhul y Boüldieu. En 1752 una compañía italiana dirigida por Bambini inició su actuación en la Opera con la "Serva Padrona" de Pergolesi, que despertó un vivo entusiasmo.

Los bufos abandonaron París tras una larga estancia de dieciocho meses. Habían revelado un arte cuyo espíritu, forma y éxito renovarían el gusto francés y revisarían los problemas teatrales y musicales.

"La serva padrona" encarnaba artísticamente el nuevo concepto de natural, sencillez, ingenuidad, espontaneidad y conocimiento a través de los sentidos, opuesto al de imitación. Además, ahondaba en lo psicológico. Entonces se vio en "La serva padrona" un contenido mucho mayor del que ofreció en materia del "verite". La querella des buffons (contienda de los bufos) se inició a principios de 1.752 por Grimm y continuada por Rousseau. El público parisiense formó dos bandos: los partidarios de la música francesa, que en la ópera se reunían bajo el palco del Rey y los enemigos de la misma que estaban bajo la égida de la soberana. Esta contienda constituyó pronto el hecho más apasionado de entonces, llegándose a publicar varias decenas de libretos en torno a la misma. El partido de la música francesa pareció vencer. Sin embargo, el gusto artístico había experimentado un cambio sustancial, sin que fuera posible retroceder.

Pierre Alexandre Monsigny (1729-1817) comenzó a revelar aquel delicado acento, que resaltó como su más simpático rasgo en la tierna y sensible "paysannerie" de "rose et colas". En el "Desertefir" se robustecieron su vena melódica y el gusto elegante, al contacto con un argumento donde no sólo había escenas cómicas, sino también otras patéticas y dramáticas. Así pues, una nueva tendencia, influida por el romanticismo, fue acogida por la ópera cómica en Francia y en Italia, mientras la ópera seria se mantenía hostil.

Tenía un temperamento diferente François André Denican Philidor (1726-1795) "Blaise le Davetier" le proporcionó un primer éxito. Una trama bufa en un nuevo ambiente: la tienda del zapatero. La música gusta por su viveza natural y su recia estructura. Philidor confirmó su habilidad de orquestador en descripciones tanto reales como caricaturescas.

El compositor mejor dotado y más perspicaz de la ópera cómica francesa fue André Ernest Gritry (1742-1813). Inteligencia abierta a los problemas teatrales y musicales, ágil pensador, literato de gusto, trabajador tenaz, artista sensibilísimo, fértil inventor de nítidas melodías, halló, como no lo habían logrado sus predecesores, el tono conveniente de la comedia, la adecuada relación entre la escena, el sentimiento, las frases musicales y, además, la expresión cordial, humana y dramática. Aunque pueda parecer menos expresivo que Monsigny, realmente es más sobrio y, por añadidura, más personal e incisivo. Y aunque pueda parecer más seco que Philidor, su composición es, en realidad, menos científica y la sencilla armonía, ligada bellamente al canto, lo mismo que la instrumentación, tan clara como chispeante, rebosan melodía y sensibilidad. El canto individual, los coros y la orquesta producen una joya caracterizada por la unidad y la proporción. Entre sus propósitos, sus aspiraciones y sus realizaciones, media un abismo. Sin embargo, la genialidad, la cultura y el trabajo comunican a varias obras suyas un frescor inventivo, una novedad gustosa y una finura señorial que las hace agradabilísimas, a la vez que representativas, consideradas históricamente. Su más célebre obra es "Ricardo, corazón de León".




BIBLIOGRAFÍA: (autores varios) " Guía del Arte en Cantabria ". Diputación Regional de Cantabria, 1988. Santander

GARCÍA GUINEA Miguel Angel "Cantabria Guía Artística". Ediciones Estudio, 1988. Santander