Entre los oratorios de Giacomo Carissimi (1605-1694) el "Jephte" es el más bello por todos los conceptos. El cantó en la eternidad de la belleza la eternidad del legendario canto, bíblicamente perenne.


Giacomo Carissimi
 "Jonás" contiene bellezas iguales a los de Jephte. Los sencillos coros homófonos son muy dramáticos. La descripción de la tempestad palpita con el horror de los mismos herradores, los cuales se alternan, se interrumpen, añaden poco a poco noticias y sensaciones, resultando con ello viva y pavorosa la reevocación. La plegaria de Jonás sobresale entre todas las páginas. Cuando se postra de rodillas ante Dios, a quien había desobedecido, se perfila destacada y profunda la humanidad del personaje. Un airoso amplio asocia varias melodías y estribillos, con los cuales se expresa intensamente el reconocimiento de la divina potencia y en la humana debilidad, de la congoja por el pecado, de la esperanza del perdón.

No reina menor variedad en Jephte. Las palabras "históricas" van entronadas sucesivamente por un contralto, un tiple, un bajo, un coro a dos tiples, una coro a tres tiples y un coro a cuatro, siendo de notar que los coros de tiples a dos o a tres no personifican colectividades femeninas. Por el contrario, resultan adecuados a las situaciones tres coros a seis voces mixtas y una a dos tiples.

Carissimi muestra un gran poder dramático; al componer es un observador sutil, capaz de definir y circunscribir admirablemente las representaciones. A menudo expresa las acciones con gestos sonoros de firme evidencia; esos gestos amplios, patentes, que ilumina con gran haz de luz y que, por otra parte, contornea de sombras para hacerlos más evidentes. Se asemeja en la técnica al Caravaggio y al Domanichino.