La primera figura que se nos presenta entre los cultivadores de la música religiosa en Italia durante el siglo XVIII es Alessandro Scarlatti. Versado en todas las formas de la música sacra, siempre compuso magistralmente. Sus misas, motetes y oratorios constituyen un rico repertorio, que únicamente nos ha llegado en parte.

Al parecer, escribió un número extraordinario de misas, posiblemente unas 200, de las que sólo conocemos 10.

Aunque las misas de Scarlatti están escritas, por lo común, en riguroso estilo contrapuntístico y tienen un sentido armónico de carácter litúrgico, también siguen a veces el gusto moderno de la monodia y de la sinfonía concertante. Donde las palabras son puramente litúrgicas Scarlatti muestra aridez; pero cuando el texto literario toca la cuerda de la conmoción el compositor es genuinamente poético. Se advierte la misma nota poética en los dos "Miserere" a cinco voces, cuerda y órgano.

El oratorio titulado "La Vergine Addolorata" es, verdaderamente, una obra magnífica y se ha conservado incompleta. Aquí aparecen notablemente ampliados y desarrollados los elementos de la expresión dramática, los temas plásticos y ligeros, la orquesta sustancial y llena de color, la penetrante expresividad de los ritoruelos que preceden a la arias o se intercalan en éstas, el recitado acompañado que los instrumentos envuelven con un halo expresivo. Desde ahora la participación orquestal en el conjunto se desarrollará con un sentido dramático.

No tiene menor interés otra composición, hasta ahora también desconocida, del mismo Sacarlatti, que es un elemento precioso para apreciar su personalidad artística. Se trata de Salve Regina, a una sola voz, con violines. Figura entre las obras magistrales de la creación musical sagrada del siglo XVIII. Requiere tres partes de violines sostenidos por un bajo, al que se incorporaban los acordes del órgano. Se asocia la voz al tejido orquestal, constituyendo con él un sólido sistema armónico expresivo. Esta obra concentra su interés en la coordinación de las partes instrumentales con la parte vocal; no hay discontinuidades o separaciones y, por lo tanto, la concepción musical tiene un valor intrínseco que se revela en una unidad diferencial de voces e instrumentos.

Arquitectónicamente considerados, esta composición coordina de un modo armónico los fragmentos estróficos de variada extensión, en oportunas sucesiones y alternancias.

El canto se concentra unas veces, mientras que otras concierta con los instrumentos, intercalándose entre los mismos y realizando nuevas resonancias al presentar diferentes aspectos del mismo espíritu melódico.

Dada la breve vida de Pergolesi, es verdaderamente extraordinario lo que trabajó también en el campo de la música sagrada.

De sus cuatro misas sobresalen una a diez voces y otra a cinco. La misa a diez voces se ejecutó en la iglesia de Santa María de la Estrella en Nápoles. Todos los coros llevan una orquesta de acompañamiento: la del primero se compone de dos violines, viola, dos oboes y órgano. La del segundo está integrada por instrumentos de cuerda solos y órgano. El Kyrie es un fragmento que puede estar situado junto a las mejores obras. La misa a cinco voces suscitó también la admiración de mucha gente.

El famoso "Stabat Mater" está escrito para dos voces, tiple y contralto, con acompañamiento de cuarteto y de órgano; obra intensamente expresiva y con intenso sentimiento lírico, omitió el carácter sacro y mucho más el litúrgico.

El patricio veneciano Benedetto Marcello (1686-1739) poseyó un temperamento genuino de italiano renacentista. Su fama como autor de música religiosa va vinculada a los famosos 50 salmos con el titulo "Estío poetice ed armónico". En ellos el número de voces oscila entre una a cuatro y los solos alternan a veces con el coro. Al acompañamiento de órgano se unen a veces dos violas y un violonchelo solista. Algunos salmos están construidos en forma vocal pura. Su estilo musical es sostenido y agradable.

Las obras de Mozart que tenían alguna relación con su amada esposa Constanza fueron sometidas al triste destino de quedar incompletas.

La "Misa en do menor" no es, en realidad, más que un fragmento de misa amplio, poderoso, significativo, pero un fragmento al fin y al cabo. Mozart se superó a sí mismo en el "Kyrie". Aquí encontramos páginas que figuran entre lo mejor de su producción. Aquí se respira el espíritu de Bach, pero un Bach sonriente, con cierta ternura, descendiendo de su trono monumental. Pero sobresale Mozart con la fuerza de su personalidad. La complejidad armónica de la sólida estructura polifónica se disuelve en abandonos de ilimitada emoción. El "Kyrie" parece predecir aquel Beethoven venidero de la Novena sinfonía, y además, en las otras partes, unos floreos vocales que en el "Credo" se incendian en acentos. Es como una irradiación de cantos jubilosos que, en el lenguaje gregoriano significaba la expresión de íntimas cosas a las que no bastaba la palabra.


BIBLIOGRAFÍA: (autores varios) " Guía del Arte en Cantabria ". Diputación Regional de Cantabria, 1988. Santander

GARCÍA GUINEA Miguel Angel "Cantabria Guía Artística". Ediciones Estudio, 1988. Santander