
Las formas de música instrumental deben su carácter a la última razón de ser de su cualidad instrumental, no al número de los instrumentos empleados ni a la particular combinación del conjunto, como podría creerse considerándolas con un criterio moderno, según el cual suele establecerse ordinariamente la distinción entre música sinfónica (con la masa orquestal) y música de cámara (para uno o varios instrumentos), atendiendo a la composición extrínseca.
Por eso, aunque parezca contradictoria la denominación sinfonía de cámara, constituye una realidad histórica y sería erróneo separar en distinciones cerradas las varias formas instrumentales de la sonata, el concierto y la sinfonía, las cuales, si bien difieren por el aparato exterior, en realidad están alimentadas y unidas por una corriente espiritual idéntica. Una vez más el sistema de la clasificación podría resultar peligroso e inducir a confusiones.
Las posibilidades del lenguaje instrumental se desenvolvieron gradualmente al animarse la vida rítmica en la plástica del canto, al erigirse la varia ordenación de las arquitecturas musicales que se encarnaron en el tipo "Suite" y en el tipo "sonata do chiesa" con uno, dos o tres instrumentos y luego, ampliando los horizontes, al aumentar las combinaciones y los contrastes y al enriquecerse con nuevas luminosidades el ámbito sonoro. La "sonata a tres" satisface esta tendencia hacia la pluralidad de combinaciones instrumentales; es ya un fervor que vibra con nuevos latidos y se condensa empleando nuevos recursos. Así lo demuestran las obras de Felice dall' Abaco, de G. B. Pergolesi, Porpora, Sammartini y Zartini, que en la historia de la música, ocupan puestos de primera magnitud. Las doce "sonata per 2 violini i basso" de Pergolesi, tienen todas tres tiempos: Allegro, Adagio, Allegro (fugato). Estas composiciones asignan a Pergolesi un lugar elevadísimo aun en el campo de la música instrumental; todas sobresalen por el orden, variedad de ritmos, frescura y espontaneidad de inspiración. A menudo las caracteriza su presentación con doble vestidura clásica y romántica. Ciertos compases parecen salidos de la pluma de un Mozart. Con mayor frecuencia hallamos pasajes de verdadera sonata dramática, cuyo moderno sabor nos maravilla. Y se produce la ilusión de que Pergolesi haya vivido después de Mozart. En verdad esta música, tanto por el vivo sentimiento que la anima como por cierta libertad de movimientos y por su evolución formal, nos parece con preferencia más cercana a la de Beethoven, Weber y Schubert, que a la de Mozart.
No tienen menor importancia por su construcción ágil y severa, así como por su unidad estilística, los seis "Concertini" a cuatro violines para viola, violoncelo y bajo continuo. Estas obras ofrecen una vena lírica fresca, una viveza palpitante, una sobriedad eficaz. Consta cada uno de cuatro tiempos, dispuestos como en la "sonata da chiesa". Algunos de los doce tiempos lentos son fugados, sin demasiada gravedad contrapuntística; los otros presentan melodías graves, desarrollándose cuidadosamente, con severidad y preciosa plenitud armónica y sonora. De los doce tiempos ligeros hay cinco en forma de canon, bajo las denominaciones "a capella" y "a capella, canone di Palestrina", su mayor mérito se debe a la vivacidad en el escolasticismo. Los restantes, de fórmulas académicas, los superan en la belleza del motivo y en la afectuosidad de la expresión. Precisamente la palabra "afectuoso" se repite a menudo. En las composiciones libres, si los violines no marchan con el primero, llevan acompañamientos sencillas que cooperan a la vida dinámica y sentimental.
La tendencia al nuevo gusto sinfónico encuentra un notable iniciador en Alessandro Scarlatti (1660-1725) el cual contribuyó notablemente a la creación instrumental con la sinfonía de ópera, aun sin contar sus composiciones instrumentales sueltas. El movimiento "Allegro" aparece realzado y abre nuevos horizontes a la expresión sinfónica. El ciclo ternario "Allegro - Adagio - Allegro" de la obertura italiana creado por este compositor, implica una evolución dialéctica de las partes en el mismo seno de la pieza unitaria. Aquellos tres momentos diversos forman un todo continuo y único.
También se afirma Scarlatti como autor de música instrumental de conjunto en composiciones autónomas como sus "Doce sinfonie" para orquesta, sus "Sonata" a cuatro, sus sonatas para dos flautas, dos violines y continuo y sus seis "Concerti grossi".
Giuseppe Valentini fue autor de los notables "Concertini grossi" a cuatro y seis instrumentos. Oportunamente Schering llama la atención sobre el hecho de que el concertino tuviera una constitución variable, lo mismo en Scarlatti que en Valentini y otros músicos posteriores a ambos. Unas veces hay dos violines o dos violines y viola; otras tres y hasta cuatro violines.
Absolutamente distintos son los de Pietro Docestelli (1693-1764), artista bastante conocido como virtuoso del violín, pero asimismo excelente autor de música instrumental de conjunto.
Los Concertini grossi de Lucatelli tenían acentos dramáticos, aunque no verdaderamente teatrales. La complejidad polifónica y la solemnidad del avance sinfónico hallaron en Corelli un carácter religioso, mas en Locatelli este carácter cederá el paso a un sentimiento expresivo y a un gusto lírico que se explaya en elevados gritos cantables.
De un modo especial aparece Antonio Vivaldi, fulgurante de viva luz artística. Resume y concentra todas las características de este movimiento intenso y fecundo. Aunque sólo considerásemos el amor e interés que Bach demostró por la música sinfónica de Vivaldi, quedaría ya probada la importancia artística de este compositor; sin embargo, la prueba indirecta es ociosa cuando se oye la música viva de sus conciertos, cuyo interés encaja en las meras consideraciones de arte.
Sus concertini Grossi tienen en Vivaldi un valor sinfónico unitario; el hecho de que intervengan uno o más instrumentos solistas y que sean tan sólo de cuerda o que se les añadan otros de viento, constituyen circunstancias accidentales que no cambian el alcance expresivo de la música, por lo que de ninguna manera debe sorprender que, según tal criterio, a sus "concertini grossi" se les denomine también sinfonías.
El interés hacia la obra instrumental de Vivaldi, acentuado intensamente en nuestros días, comenzó en la segunda mitad del siglo XIX. En verdad la palabra "concerto" adquiere con Vivaldi un nuevo sentido, que se destaca sobre el que tenía anteriormente. El solista pierde aquel carácter suelto de tecnicismo exterior y de aislamiento ante el conjunto instrumental, siendo ahora parte necesarias e intrínsecas de la composición.
El valor de la composición vivaldiana radica en el intrínseco movimiento sonoro. Vivaldi concluye líricamente aquella tendencia que antes había manifestado Pasquini, si bien la limita a instrumentos de tecla y que manifestaría después Scarlatti con resuelta originalidad y seguridad y conduciría a una desarticulación rítmica del legato.
El movimiento sinfónico italiano del siglo XVIII encuentra en Boccherini su figura culminante y decisiva. Escribió una cantidad verdaderamente extraordinaria de cuartetos y quintetos. La primera afirmación cuartetística de Boccherini está constituida por lo seis cuartetos, op. 8 de 1769, dedicada al Infante de España. Esta colección es una de las mejores que él produjo.
Caracterizan a esta obra, en general, la variedad de los motivos, la frescura de una música saltarina, una alegría profunda, que pasa paulatinamente desde el vasto aliento de una jovialidad temática a la mórbida armonía de nuevos episodios.
Entre los mejores cuartetos de Boccherini se incluyeron también los del Op. 58. En ninguna obra suya se prodigó tanto como en esta, los tesoros de su rica imaginación. Variedad de forma, de tono y de colorido; escenas tiernas, alegres, sencillas y apasionadas; sentimiento profundo, calma indecible, elevación, fuerza, vehemencia: todo lo supo pintar y expresar. Es un resumen magnifico de todas las cualidades del gran artista.
Las obras sinfónicas de Boccherini son menos conocidas y valoradas que las de música de cámara. Si no se hubiese desempolvado y publicado íntegramente la "Sinfonía" en do, nada sabríamos hoy de la actividad desplegada por Boccherini en este campo. Esta sinfonía es una obra de gran singularidad artística en cuatro tiempos, densos y nutridos, con abundantes episodios y motivos muy bien equilibrados; tiene un sentido serenamente cantable y la ayuda un fluido rítmico muy importante.
En España El monasterio de El Escorial contó con ilustres músicos aunque ninguno alcanzó, en el siglo XVIII, tanta eminencia en el triple aspecto de creador, intérprete y teórico como el Padre Antonio Soler (1729-1783).
En El Escorial desempeñó, hasta su muerte, los cargos de organista y maestro de capilla. Motivó polémicas su obra "Llave de la modulación y antigüedad de la música", cuyas páginas revelan una gran afición a los cánones enigmáticos, aunque, por otra parte, el autor era partidario de las ideas avanzadas. El primer estudio que Higinio Anglés ha dedicado a la producción total del Padre Soler y que antecede al texto musical de los "Seis quintetos" producidos por éste, le presenta, en el género religioso, como autor de misas, himnos, magníficat, letanías, motetes y villancicos.
BIBLIOGRAFÍA: (autores varios) " Guía del Arte en Cantabria ". Diputación Regional de Cantabria, 1988. Santander GARCÍA GUINEA Miguel Angel "Cantabria Guía Artística". Ediciones Estudio, 1988. Santander