El paso del Barroco al Clasicismo se desarrolla en diferentes fases. Las nuevas corrientes comienzan hacia 1730 a partir del estilo galante francés y con el nuevo tono italiano en la ópera bufa, la Sonata y la Sinfonía. Caracterizan el Rococó musical como Preclásico hacia 1750/60 y conducen al Clasicismo a través del estilo sentimental y el Sturm und Drang musical.

Con la muerte de Beethoven en 1827 se podría dar por terminado el Clasicismo, 7 si bien ya existen con anterioridad las corrientes románticas con Weber, que falleció en 1826 y Schubert en 1828.

El estilo galante es una forma de componer antes que la denominación de un período. Surgió en oposición al estilo erudito, elaborado con un rígido contrapunto y entramado polifónico (Bach, Haendel), y ya apareció en el Barroco tardío como estilo libre, especialmente para clave y en la música de cámara (Couperin, D. Scarlatti, Telemann). Gracioso, fácilmente comprensible y entretenido, se dirige a los aficionados antes que a los expertos, da preponderancia al melodismo cantable y presenta una grácil ornamentación, ágil acompañamiento sin número de voces fijo, formas transparentes (danzas).

El estilo sentimental presenta, frente al afecto del Barroco, una expresión inmediata del sentimiento personal I. Se encuadran aquí la Escuela de Manheim con sus formas expresivas y su gran dinamismo (suspiros, ingenio), Gossec, Schobert y Beck en París, y sobre todo Carl Phillipe Emmanuel Bach, uno de los hijos de Johann Sebastian Bach, con su lenguaje musical absolutamente personal.

La Escuela de Viena adquiere una posición destacada con su fusión de gravedad y amenidad (Monn, Wagenseil, primer Haydn), mientras la Escuela de Berlín ofrece su tradición barroca "pedantería, alejamiento de la naturaleza y temerosa lucha con el arte" (Schubart, 1755).

 

Podemos constatar algunas corresponde &ncias históricas transcurridas durante esta época: La Primera sinfonía de Haydn, coincide con la muerte de Haendel, el nacimiento de Schiller, el Candide de Voltaire, la fundación del Museo Británico y la proclamación en España de Carlos III. El primer viaje del pequeño Mozart se realiza en 1762, año de la publicación de Emilio y el contrato social, de Rousseau. Los edificios claramente neoclásicos de la iglesia de la Magdalena y el Panteón de París preceden en tres años a la primera máquina de vapor y a la expulsión de los jesuitas en España, y en cuatro a la primera ópera del niño Mozart, Bastián y Bastiana. Boccherini llega a Madrid cuando se construye la neoclásica Universidad de Santiago. La Crítica de la razón pura, de Kant, coincide en el tiempo con las fábulas de Samaniego y las de Iriar $te, mientras Mozart estrena Idomeneo y El rapto del Serrallo. En Madrid se ha construido ya la Puerta de Alcalá y, en 1785, el Museo del Prado, que coincide con las poesías de Meléndez Valdés y con Las bodas de Fígaro, de Mozart. La Revolución Francesa estalla, mientras más al norte hay obras musicales tan poco violentas como la sinfonía Oxford, de Haydn, y el Così fan tutte, de Mozart. El año 1800 es el de la Primera sinfonía de Beethoven. En España, Goya pinta la familia de Carlos IV. El olímpico Goethe, en Alemania, ha publicado en 1774 su Werther, obra del "Sturm und Drang" que se convertirá en modelo para posteriores románticos. Pero Goethe no pierde su clasicismo aunque ya en el siglo XIX indique, con Fausto, el misterio de una nueva época.

 

En toda esta época, inquieta cultural y polít icamente, se fijan normas que muchos consideraron definitivas, sin pensar que las ideas que parecen más firmes cambian con el tiempo, y que el genio artístico, en la mayoría de los casos, cuando realiza una revolución no rompe violentamente los viejos moldes. Se limita a soplar sobre algo que parecía fuerte y está por dentro gastado y caduco. En el clasicismo musical se hace perfecta una forma fundamental en la historia, la Sonata, son sus reglas fijas. La Sonata escrita para orquesta es la Sinfonía, todavía hoy reina de la música, aunque sus reglas hayan caído en desuso hace mucho tiempo. El concierto con solista, diálogo establecido entre un instrumento protagonista y la orquesta, encuentra en el clasicismo su momento. El contrapunto tiende a simplificarse y la melodía acompañada armónicamente reclama su puesto.

 

Si en el Renacimiento irrumpieron en la música el espíritu y lo incorpóreo, y en el Barroco los afectos humanos, en el Clasicismo lo hacen sus acciones, gestos y la consumación en el instante, se ntimientos que cambian con fugacidad y un percepción despierta, equilibrándose todo ello en un conjunto intuitivo que tiende a la objetividad.

Clásico es el ideal de una música sin finalidad alguna, por encima de cualquier función como danza, entretenimientos, fiestas o liturgia, sin llegar a convertirse en especialidad aislada para expertos. Se eleva y con ella el hombre a un rango superior. Su naturaleza ingeniosa podía colmar un contenido ético más elevado. La música del Clasicismo pleno aumentó su sentido y habló a la humanidad. Espíritu y sentimiento quedaron así tan equilibrados como contenido y forma, si bien con Beethoven se introdujo en la música un contenido poético. Sólo el Romanticismo desplazó el acento hacia el contenido. El Clasicismo mantuvo también una delimitación de los medios en lo referente a su estructura, armonía, instrumentación, etc. Los románticos fueron los primeros en destruir los límites.