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econstruir la música del Renacimiento en Cantabria es
prácticamente imposible con los datos que se poseen. Es muy probable que la actividad
musical culta se diese tan sólo en el ámbito eclesiástico; sin embargo, los centros
religiosos eran pequeños y ninguno consiguió convertirse en iglesia-catedral. Esto
imposibilitó la existencia de capillas musicales catedralicias y por consiguiente la
implantación de la polifonía renacentista. Durante el Renacimiento, la m úsica
religiosa en Cantabria estuvo apegada a las prácticas musicales medievales. Las Constituciones de la Abadía de Santillana, de 1552, son la fuente documental más importante de la música de este período. La música en la Abadía de Santillana quedaba regulada en las constituciones o estatutos en los que se indicaban las obligaciones de los distintos cargos con una función musical. El capiscol era la máxima autoridad en este sentido. Su función consistía en dirigir el canto del coro, además de buscar las piezas destinadas a los diferentes oficios; era también el encargado de comenzar los cantos, dirigir las procesiones y estar al cuidado de los libros de música para los diferentes servicios. Los estatutos de Santillana no nos aportan datos para pensar en una práctica polifónica; el capiscol o sochantre no tenía una función musical creadora, como el maestro de capilla; su ámbito de actuación se limitaba a la regulación y organización del canto llano en los oficios y demás celebraciones litúrgicas. La abadía de Santillana contaba con mozos para el servicio del coro que participaban en el canto, además de tener encomendadas otras funciones. La música profana en los siglos XV y XVI en Cantabria se limitaría a la popular monódica debido a la inexistencia de casas nobiliarias capaces de sustentar una capilla musical propia. Sin embargo, no se debe pasar por alto la figura de Rodrigo de Reinosa, personaje que plantea muchas incógnitas, pero que ejemplifica la figura de los poetas-músicos que durante el Renacimiento compusieron canciones, romances y villancicos que posteriormente, a través de la edición en pliegos de cordel, fueron recitados y cantados en las ciudades y pueblos de la península. Fue Menéndez Pelayo quien primero especuló sobre su probable naturaleza campurriana, y así afirmó: "De sus versos nada se saca en limpio, y para traerle hacia nuestra casa no tenemos más indicio que su apellido, el cual tratándose de persona tan plebeya y humilde como parece haber sido, debe indicar el pueblo natal y no otra cosa". José María de Cossío, que le dedicó un volumen en la Antología de Escritores y Artistas Montañeses, es de la misma opinión; era frecuentísimo por aquel tiempo el uso del nombre del pueblo natal como apellido, tanto en las gentes de condición humilde como en otros estamentos de la sociedad. Los nombres de pueblos apellidando a los poetas del siglo XV y primeros años del siglo XVI, eran habitualmente utilizados entre los escritores de pliegos sueltos. Cossío da pistas sobre su vida, indicando que de bió ejercer su actividad literaria y musical en el último cuarto del siglo XV, pues en una de sus coplas -un diálogo entre un ventero y un escudero- nos habla de la inminente muerte del rey Enrique IV (1474) y de la existencia de la Santa Hermandad (reorganizada en 1476), por lo que podemos situar la composición de estas coplas unos años más tarde. Su actividad literaria se prolongó hasta las primeras décadas del siglo XVI, tal como señala en su monografía José María Cabrales Arteaga ("La poesía de Rodrigo de Reinosa". Santander, institución Cultural de Cantabria. Diputación Provincial, 1980). Sus obras se extendieron por gran parte de la península. Algunas fueron localizadas en lugares tan distantes como Medina del Campo y Tarragona, o impresas en Barcelona, Toledo, Burgos y, probablemente, Sevilla. El Cancionero de Rodrigo de Reinosa de coplas de Nuestra Señora, impreso en Barcelona en 1513, es la primera obra editada de nuestro poeta, sin embargo hoy se da por perdida. Existe un Cancionero de Nuestra Señora, de impresión muy tardía (León, 1612) que, aunque atribuido a Rodrigo de Reinosa, plantea dudas acerca de su paternidad, habiendo sido refundido y modernizado en su lenguaje y ortografía. el resto de su obra apareció publicada en pliegos de cordel o dentro de cancioneros. No existe composición musical alguna que demuestre la faceta compositiva de Rodrigo de Reinosa. En algunos títulos de sus pliegos de cordel, sin embargo, dejó indicaciones para su interpretación musical. Las obras de Rodrigo de Reinosa îdebieron ser puestas en música mediante la utilización de melodías preexistentes muy populares. En el Cancionero de Palacio se encuentran dos villancicos, uno de autor anónimo y otro de Gabriel, sobre el cual hizo coplas Rodrigo de Reinosa. Era este un sistema frecuentemente utilizado por este tipo de poetas; tomaba un villancico y modificaban las coplas dejando el estribillo. Rodrigo de Reinosa no estuvo a la altura de otros poetas como Juan del Encina -músico y escritor, máximo exponente de la polifonía profana del Renacimiento español-, sin embargo ejemplifica la trayectoria de un artista menor dentro del panorama de la lírica popular del momento . |
B I B L I O G R A F Í A
"LA MÚSICA EN CANTABRIA", de Julio C. Arce
Bueno
Fundación Marcelino Botín, 1994