ocas e imprecisas son las noticias
referentes a las prácticas musicales con anterior a la erección del obispado de
Santander. Hay referencias sobre la existencia de un órgano en los tiempos en que hoy la
catedral fue abadía e iglesia colegial. Se estima que desde finales del siglo XVII la
abadía dispuso de este instrumento para su uso litúrgico. Datos referentes a este hecho
aparecen en el inventario de Santiago Camporredondo, fechado en 1672 y con la signatura
K-1 con el título Sobre el órgano. Lamentablemente sólo existe la referencia, pues los
documentos fueron destruidos como la mayor parte de los papeles de música del archivo
catedralicio. Mejor documentada e stá la reparación que se emprendió en el año 1767,
ya que los costes aparecen reflejados en el Libro de Rentas. Durante la segunda mitad del
siglo XVIII muchas catedrales e iglesias emprendieron la reforma de sus órganos; estas
actuaciones estuvieron motivadas por el cambio en la estética musical que estaba operando
por aquellos años. Tuvieron como consecuencia la transformación del órgano barroco en
clasicista. En tres aspectos fundamentales se basaron las reformas: aumento de registros,
introducción de otros nuevos (con o sin el abandono de los anteriores) y la subida
progresiva del diapasón. Los documentos catedralicios no dejan muy claro si se construyó
un órgano nuevo o se reformó el existente, pues aparecen citas en ambos sentidos. A
finales del siglo pasado el órgano sufrió un traslado y una nueva reforma. En este caso
tampoco conocemos las actuaciones concretas sobre el instrumento, pero debemos suponer que
estuvieran encaminadas a adaptar al instrumento a las nuevas necesidades estéticas y a
reparar ÿ las secuelas de su uso y del paso del tiempo.
El primer organista que tuvo la catedral fue:
ARCISO MANCEBO.
Son muy pocos los datos que se conocen, tanto de este músico, como del resto de los
organistas que pasaron por Santander. Narciso Mancebo fue niño de coro en la Catedral de
Palencia y antes de ocupar la plaza de organista en Santander estuvo en la catedral de
Segovia. Los organistas gozaban del beneficio de una capellanía; al igual que los
maestros de capilla, solían ser elegidos mediante oposición. Algunos mozos de coro se
convirtieron con el paso de los años en organistas.
Este es el caso de :
ÍCTOR REDÓN que
aparece como niño de coro en 1825 y cuatro años más tarde ocupó puesto de organista.
Con anterioridad a 1754 la iglesia colegial de Santander debió poseer una capilla de
música, aunque no se conocen más datos sobre aquella antigua formación que, sin duda,
serviría de base para configurar la nueva capilla musical catedralicia. La nueva catedral
concedió una gran importancia a los aspectos musicales; se creó una capilla musical
"moderna", al frente de la cual se sitúo un músico de prestigio a pesar de su
juventud. La primera capilla de música catedralicia debió organizarse durante el año
1756.
UAN ANTONIO GARCIA DE
CARRASQUEDO llegó a Santander a comienzos de ese año para encargarse de su
dirección. Los datos que aportan los documentos catedralicios son bastante escuetos a la
hora de describir el funcionamiento de la capilla de música. Los instrumentos y músicos
de voz solían vivir en las casas que el cabildo poseía cerca de la catedral. En
ocasiones el pago de los alquileres era motivo de conflictos entre los músicos y los
responsables del cobro. La mayor parte de las citas a los miembros de la capilla se deben
a la solicitud de aumentos de sueldo, permisos, gastos por reparación de sus
instrumentos, préstamos, pequeños conflictos, etc. De algunos de ellos tenemos más
información porque continuaron su trayectoria artística en otras lugares.
Este es el caso del niño de coro:
OSE CAGIGAL Y CALDERON.
Nació en Santander el 7 de julio de 1813 y a la edad de once años ingresó en la
catedral como niño de coro. En la catedral estudió con Víctor Redón, joven organista
que había sido también colegial anteriormente. Como era habitual en la enseñanza de los
niños de coro, estudio solfeo, órgano y composición. En 1827 marchó a Madrid y
estudió canto con José María de Reart. Sus dotes de cantante y la rapidez con la que
progresaba hicieron que Mariano Rodríguez de Ledesma le ofreciera una plaza de tenor en
la Real Capilla. En el año 1843 adquirió en propiedad dicha plaza. En 1850 viajó a Roma
para perfeccionar su técnica y recibió clases del maestro Lamperti. Regresó
posteriormente a Madrid para continuar su labor en la Real Capilla. Ese mismo año inicia
una gira por América obteniendo un gran éxito y en 1858 viaja a París donde también es
aclamado, sobre todo por su potente voz y su buena escuela de canto. Unos años más tarde
retoma su cargo en la Real Capilla, que no abandona hasta su muerte, el 30 de marzo de
1896.
Otro importante cantante que prestó sus servicios en Santander fue
EDRO UNANUE
Nació en Motrico (Vizcaya) a principios del siglo pasado. Obtuvo por oposición la plaza
de tenor en la catedral de Santander en la que sirvió varios años. Se trasladó a Madrid
en 1834 para perfeccionar sus estudios con José María de Reart. Posteriormente comenzó
una brillante carrera como cantante de ópera que le llevó a actuar por los más
importantes teatros españoles y europeos. Murió en Trieste (Italia) el 3 de enero de
1846. ba la solemnidad necesaria para resaltar el ceremonial litúrgico habitual. La
catedral de Santander fue partícipe en la reforma de la música religiosa que propugnaba
la sustitución de los villancicos por responsorios. Quiso que su capilla musical
estuviera a la altura de las mejores de España. Santander había dejado de ser una
pequeña villa marinera para convertirse en una ciudad con una presencia importante en las
actividades mercantiles. La organización de la música en la catedral se hizo pues
conforme al rango que merecía una ciudad de primer orden.
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