n la década de los cincuenta del siglo pasado, las compañías de ópera que visitaron Santander fueron introduciendo paulatinamente zarzuelas en su repertorio. En el año 1852 se estrenó en Santander la zarzuela compuesta por Francisco Asenjo Barbieri y escrita por Ventura de la Vega Jugar con fuego, que un año antes alcanzó un extraordinario éxito en Madrid, dando el espaldarazo definitivo al nuevo teatro lírico español.
El nuevo género hace su aparición tímidamente, completando la programación de las compañías de ópera. Poco a poco la zarzuela irá ganando presencia en nuestro teatro y en el resto de escenarios españoles. En ese mismo año de 1852 se estrenaron otras zarzuelas como La venta del puerto, El chaval en la feria de Santa Ana, El tío Caniyitas, El sacristán de San Lorenzo, etc. Pero sin duda fue Jugar con fuego el gran impacto de la temporada. Se convirtió en una obra de repertorio y durante los años siguientes se repuso frecuentemente. No obstante la costumbre anual de la temporada operística se mantuvo durante algunos años más; en la temporada de 1867 la Tamburini y la Ferloti cantaron por enésima vez El Trovador, Rigoletto y Lucia de Lammermoor.
Las compañías itinerantes de zarzuela se encargaron de difundir por toda España los éxitos de Madrid, pero con los mismos problemas que presentaban las compañías de ópera; deficiencias en la calidad de la interpretación, problemas económicos, etc.
De esas compañías existe muy poca información. Como ejemplo de las que visitaban Santander se puede citar la que abrió la temporada de Pascua de 1865. Estaba compuesta por: un maestro director de partes y orquesta, un director de escena, una primera tiple absoluta y una primera tiple, una tiple cómica y característica, una coprimaria y partiquina, un primer barítono, un primer tenor, un tenor cómico, dos primeros bajos, un segundo barítono, un partiquino, un primer y un segundo apuntador de verso y música, un encargado del vestuario, dieciséis coristas y veinte profesores de orquesta. Las zarzuelas que ofrecieron fueron: El Postillón de la Rioja, El vizconde, El grumete, La vuelta del corsario, El toque de ánimas, Los diamantes de la Corona, Catalina, El juramento, El relámpago, Estebanillo, Las dos coronas, Marina, La cola del diablo, El sargento Federico, Campanone, Una vieja, El loco de la guardia, Un pleito, El diablo en el poder, Entre mi mujer y el negro, ¡Las astas del toro!, El Juicio final, Matar o morir, Los dos ciegos. Muchas de ellas eran de sobra conocidas por el público; tal era el caso de Marina, de la que un crítico decía : "marea de puro vieja y conocida".


B I B L I O G R A F Í A

"LA MÚSICA EN CANTABRIA", de Julio C. Arce Bueno
Fundación Marcelino Botín, 1994