uenta José Simón Cabarga que tras la proclamación del rey Alfonso XII se estrenó en el teatro Principal una zarzuelita titulada Café-teatro-cantante, sátira contra la moda importada de Madrid del café-teatro y del café-cantante. Los cafés habilitaron pequeños espacios para situar un escenario. Eran unos años de bonanza y prosperidad económica.
En la España de la Restauración triunfó una nueva modalidad de nuestro teatro lírico, el "género chico". Frente a la "zarzuela grande" el "género chico" tomaba el ambiente del sainete y la pequeña escena de costumbres. La mayor parte de estas obras se desarrollan en un solo acto; la parte musical es breve, sencilla y eminentemente popular. El género chico era el espectáculo idóneo para la animación de los cafés urbanos. Los sainetes líricos hicieron furor entre las clases populares que asistían a los cafés. Mientras, en el teatro Principal continuaban las temporadas de zarzuela y triunfaban los dramas de Echegaray y Sellés.
El hostelero Vicente Gutiérrez habilitó en 1879 el Café Consulado un escenario para dar cabida a pequeñas compañías líricas. Aristides Toca fue otro de los hosteleros que se dio cuenta del nuevo negocio. En 1879 habilitó su café para ofrecer zarzuelas. Una de ellas, titulada El rabo del diablo, fue muy comentada en los círculos santanderinos por su picante contenido. El señor Toca cobraba un real por la entrada que daba derecho a una consumición y a ver la actuación; sin embargo, su café sólo funcionó durante dos años porque lo transformó en una sala de baños.
Por estos mismos años se inauguró un teatrillo en la calle San José al que se le dio el nombre de Variedades. Allí se estrenaron sainetes y revistas. Una muestra del tipo de obras que se podían ver en este teatrillo es la revista titulada Viaje alrededor de Santander en veinticinco minutos, a la que el autor calificó de "despropósito bufo-lírico-económico-bailable y hasta cierto punto silbable". Fue escrita por Alfredo del Río y la música corrió a cargo de Maximino Enguita; la compañía de Chas de Lamotte se encargó de su estreno el 17 de abril de 1880. El Variedades alcanzó gran éxito de público hasta el punto que en 1883 puso a la venta un abono por veinte funciones líricas con el reclamo de una tiple cómica muy popular llamada Victoria Franco. Muy cerca de éste, en la misma calle, existía otro teatrillo de reducido aforo.
En el Café del Ancora, por el contrario, se ofrecían conciertos en dos funciones diarias, la primera matinal de 11 a 1 y la segunda por la tarde. Otro de los locales donde se ofrecieron conciertos de este tipo fue el Café Imperial. En la calle de la Blanca se encontraba el Antiguo Español que ofrecía variedades y zarzuelas, y en la plaza del Príncipe estaba situado el Central, un café-teatro muy concurrido.
En los últimos años del siglo pasado otros cafés-teatro se pusieron de moda. Fue la etapa de esplendor de El Dorado y brilló especialmente el Novedades, instalado en la calle Cuesta en las lonjas de las casas de Ardanaz. El pintor Amiama decoró el salón y los telares para las temporadas de zarzuelas. Entre las artistas que desfilaron por el Novedades, destacó por su gracia y simpatía una tiple llamada Isabelita Lorita. En la última década del siglo el café Novedades pasó a llamarse Café América.


B I B L I O G R A F Í A

"LA MÚSICA EN CANTABRIA", de Julio C. Arce Bueno
Fundación Marcelino Botín, 1994