Ricardo Cavada es un pintor cántabro al que podemos considerar en plena madurez creadora. Como decía Kant, la libertad consiste en dotarse de reglas a uno mismo, y en este sentido la libertad del artista es desarrollar su intuición con arreglo a los principios que él mismo se otorga, en virtud de sus preferencias o de sus necesidades expresivas. En el mundo del arte se considera a Ricardo Cavada como uno de los ejemplos más estrictos de este tipo de evolución.
Pertenece esta clase de obra a ese movimiento general de nuestro siglo que hace que el espíritu se vuelva sobre su propia actividad, reflejándola, preocupándose por el instrumental, por la composición, por la deconstrucción y la reconstrucción, por las unidades elementales que son recombinadas para producir visiones especiales y sugerentes. Esto es lo que este tipo de arte propiamente representa: el mundo del hacer, y no el mundo de lo hecho. Claro está que esta tendencia se aleja de la percepción estandarizada y exige al observador un mayor trabajo de interpretación. Frente a la representación clásica que provoca un "amor a primera vista" tenemos entonces una representación que requiere una reflexión y un valoración personal - de forma algo similar a lo que es la lectura de una novela densa y compleja cuyo simbolismo o posibilidades tenemos que desentrañar -.
Espero que los visitantes de esta exposición puedan hacerse una idea de la gran vitalidad innovadora de la pintura de Cantabria en las últimas décadas, tan fructíferas y en ocasiones tan desconocidas del público por falta de oportunidades o facilidades.
José Joaquín Martínez Sieso
Presidente del Gobierno de Cantabria
La tercera muestra del programa de exposiciones individuales de Santillana del Mar presenta la obra de Ricardo Cavada, un artista que, en medio del agitado panorama artístico actual, se muestra convencido de que en pintura todavía no se ha escrito la última palabra.
Su habitual presencia en ARCO, y los premios obtenidos en diversos certámenes nacionales, nos hablan de una artista que, poco a poco, ha ido depurando y simplificando los elementos que forman parte de su obra hasta hacer de ella puro concepto poético.
Vitalidad, madurez de planteamientos y juventud están presentes en esta muestra que refuerza nuestro compromiso con el arte contemporáneo de calidad que se produce en Cantabria.
Francisco Javier López Marcano
Consejero de Cultura y Deporte
"Toda obra de cavada es consecuencia última de la herencia de su propia creación, sin la cual no se entenderían sus propuestas actuales". En 1993, y utilizando la tercera persona, el propio artista escribió un breve pero clarificador texto sobre sí mismo. Palabras precisas que definían su propia obra de una manera nada ambigua.
La exposición a la que pertenecía el texto, Tiempos plurales, mostraba obra anterior a aquel año pero lo importante es que hablaba desde su actualidad. O lo que es lo mismo, esas palabras también podían haber sido escritas dos años antes o dos años más tarde, puesto que la suya es una obra que se mantiene a través del tiempo, aunque - y eso es lo importante de los cuadros pintados en los últimos años - pueda tener una evolución sutil que la transporte hacia otros territorios, que no desmienten la idea original pero sí la enriquecen.
Los planteamientos son los mismos que él se impuso hace por lo menos diez años - doy esa fecha porque de 1987 es la obra más antigua suya que yo conozco. A lo largo de este tiempo ha venido utilizando la misma sintaxis, aunque según el tiempo ha transcurrido se acentúa una línea que va depurando los elementos formales y simplifica la expresividad. Su pintura siempre se ha nutrido del enfrentamiento de los opuestos, tal vez como resumen del dualismo de la realidad. Una realidad que él limita a lo artístico, pero que supongo extensible al ámbito global. La utilización de elementos propios del lenguaje expresionista de una manera que los contradice - algo similar a las pinturas abstractas de Richter -, más racional que impulsiva, da idea de la intención de analizar la propia actividad artística. El resultado es una pintura meditada, que se plantea a priori qué es lo que él desea y cómo conseguirlo. Y era de ese análisis y de su planteamiento de donde Cavada pretendía extraer emoción.
En al camino Ricardo cavada ha ido despojándose de la complejidad con que encaraba sus cuadros anteriores y se ha concentrado en menos elementos pero utilizados de manera más significativa, dotándolos de una expresividad que se comunica con el espectador de manera más precisa. "Cavada canaliza su trabajo mediante series de obras que en el conjunto dan respuesta a problemas puramente plásticos. Ello lo hace siempre a partir de procesos, duros y rigurosos de investigación sobre la propia obra", escribía en el mismo texto de 1993. Uno sin embargo siente que su obra ha sufrido un deslizamiento por el cual se ha movido de manera sutíl desde una expresividad sorda, atenta a investigar el propio proceso - como antes he dicho - hasta otra que sin abandonar la atención sobre los propios medios aporta otra mirada. Ya en la exposición que celebró en 1994 en la galería Fernando Latorre desplegaba ciertos signos poéticos que trascendían la mera fisiografía, característica que desde entonces se ha acentuado, Utilizando ambos impulsos, la reflexión sobre la creación y la expresividad que puede desprenderse de ese factor, consigue en ocasiones un síntesis precisa: emplea y enfrenta entre sí recursos formales pero al mismo tiempo puede constituir una especie de trampantojo que inquieta al espectador. Y todo ello sin salirse de su propia norma de utilizar elementos abstractos.
La presencia subrayada de la pincelada con brocha en alguno de sus cuadros de idea de una de las intenciones principales. Un cuadro, por ejemplo, está construido utilizando un brochazo como marco de la composición. El carácter polisémico del elemento es evidente según este uso: el brochazo ha sido entendido como gesto a lo largo del expresionismo, pero aquí es evidente que pesa su carácter compositivo. Y además es innegable la característica de planitud que comporta su presencia, carácter negado en parte por su condición de marco para otra superficie que actúa como contrapunto de profundidad a aquel. Así designa lo imperfecto de entre lo supuestamente puro, un juego de fuerzas opuestas, mezcla de cálculo y de azar.
Podría deducirse de todo ello que Ricardo Cavada está ahora más implicado en sus cuadros, que van más allá de la creación de un análisis formal. No quiero decir que antes no hubiera implicación suya a la hora de plantearse la propia pintura; en hecho además de que la base de esa reflexión resida en el enfrentamiento de opuestos ya da idea de conflicto. Y el azar también era un elemento presente, aunque leo su importancia desde una posición formalista. Ahora hay sin embargo un tipo de relación diferente, más compleja puesto que pone en juego varios elementos divergentes. Aunque la idea de enfrentamiento de los opuestos sigue presente es posible intuir a través de aquellos que el autor los concibe como vehículos para sugerir emociones más allá de lo que el cálculo y al análisis pueden ofrecer. Supongo que el proceso de depuración que ha llevado a estos cuadros hasta el refinamiento, e incluso a la belleza no es ajeno a todo ello. Tampoco el uso del color, más intenso y dominante que nunca, con un presencia que aporta por sí misma expresividad a los cuadros y deja de ser un simple motivo referencial. la base de alguna de estas obras está incluso en las variaciones tonales de un mismo color.
Su pintura sigue recurriendo a los considerados elementos puros - líneas, brochazos, color, manchas, texturas, etc.- pero ahora intenta trascenderse. Es paradójico que antes, cuando sus cuadros acogían todos los elementos básicos del lenguaje expresionista, la intención fuera más analítica. Y ahora, en cambio, cuando el lenguaje se depura y se hace más sintético, el resultado es más expresivo.
Pablo Lorca